Julia se quedó atónita.
—¿Tú... vas a perdonar a mi padre?
—Sí—respondió Andrés, mirándola. Al ver sus ojos hinchados por el llanto, le limpió las lágrimas con ternura. —Hace poco envié a alguien a verlo en la prisión. Tiene neumonía contagiosa. Y como tú tuviste un accidente, tus defensas están bajas. Temía que si se veían entonces, él pudiera contagiarte. Por eso no arreglé un encuentro entre ustedes. No pensé que te irías.
Julia escuchó estas palabras con lágrimas aún en los ojos. Sorbiendo p