La primera señal fue sutil.
Una sensación de calor que se extendía lentamente por mis venas.
Solo había bebido dos sorbos.
Era champán ligero e inofensivo. O eso creía.
Uno de los inversionistas veteranos había apartado a Jason para hablar con él. Era un hombre de cabello gris que insistía en compartir su opinión sobre una polémica escultura situada cerca del ala este del salón.
—Volveré enseguida —murmuró Jason junto a mi oído.
Asentí.
De todos modos, necesitaba sentarme.
La música pare