—Gracias Martha. —Ella forzó una sonrisa tratando de sentarse en su cama con la ayuda de ella.
—Sabes que puedes decirme mamá. —Holly la ve, en sus ojos suplicaba para que así lo fuera, pero ella no estaba lista.
—¡¿Dónde diablos está esa mujer?! —Paúl había llegado de mal humor y claro que cuando los abuelos no están, él podía hacer desastre en su casa.
—Ay no. —Holly hace una mueca de fastidio.
—Tranquila, yo lo solucionaré. —Estaba muy servicial Martha, sale de la habitación y cierra la puer