Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, todo estaba… mal.
No había otra forma de describirlo. Apenas crucé la puerta de la cocina de la casa de la manada, el caos me golpeó de frente. Ollas hirviendo, utensilios chocando, voces superpuestas y un aire cargado de prisa y tensión. Nada que ver con la calma controlada de siempre. —¿Qué sucede? —pregunté, acercándome a la señora Deborah. Ella ni siquiera se detuvo; seguía moviéndose de un lado a otro, organizando, ordenando, resolviendo. —Ayer atacaron a la manada Blue Moon —respondió con rapidez—. Somos la más cercana, así que los pocos sobrevivientes llegaron anoche pidiendo refugio. Se quedarán aquí mientras encontramos dónde ubicarlos. Sus palabras cayeron pesadas. Blue Moon… destruida. —Eso es… muy triste —murmuré—. Perdieron su hogar… y a sus seres queridos… —Y ahora necesitan sobrevivir —añadió ella, sin suavizar la realidad—. Susan, necesito que ayudes con el desayuno. Son al menos cincuenta personas. Cincuenta. Sentí un leve nudo en el estómago. —Después me ayudarás a llevarlo al comedor. Nunca hemos tenido la casa tan llena. Asentí, aunque la inseguridad me recorrió por dentro. —Pero… aún no sé los protocolos… —No es necesario —me interrumpió—. Solo sígueme con el carrito. Yo me encargo del resto. Respiré hondo. Podía hacer eso. Tenía que hacerlo. Minutos después, con el desayuno listo, sujeté el carrito con ambas manos y seguí a la señora Deborah hacia el comedor. El murmullo de tantas personas juntas llenaba el espacio. Rostros desconocidos, cansados, algunos vacíos… otros llenos de dolor. Sobrevivientes. Bajé la mirada, concentrándome en no cometer errores. Cuando pasé junto al alfa Marco y la luna Valerie, incliné la cabeza con respeto. Al cruzarme con Cole, le dediqué un saludo discreto. —Relájate… te ves muy tensa —me susurró al recibir su plato. Intenté sonreír. Pero no funcionó del todo. Seguimos avanzando. Entonces la sentí. Una mirada. Fuerte. Directa. Cuando levanté ligeramente la vista, la vi. Una chica… de mi edad. Sus ojos estaban fijos en mí, cargados de algo que no supe identificar de inmediato. ¿Desprecio? ¿Molestia? No le di importancia. No en ese momento. Seguí trabajando. Pero la sensación… no desapareció. Más tarde, en el campo de entrenamiento, algo volvió a sentirse fuera de lugar. —Hola, Vincent —saludé, empezando a calentar—. ¿Cole viene tarde? Intenté sonar casual. No lo logré. —Cole no vendrá hoy. Me detuve en seco. —¿Qué? Giré hacia él con brusquedad. —¿Por qué? Vincent ni siquiera dudó. —Está acompañando a Amalia, la hija del alfa de Blue Moon. Fue la única sobreviviente de su familia. El mundo pareció… tensarse. —¿Es la chica que estaba con él en el desayuno? —Sí. ¿Por qué? Negué rápidamente. —No… por nada. Pero no era verdad. Había algo en ella… Algo que no me gustaba. Y ese presentimiento no hizo más que crecer durante el entrenamiento. En la cafetería, todo terminó de encajar. Adriana y yo caminamos hacia nuestra mesa de siempre… pero me detuve en seco. Ella estaba ahí. Sentada entre Cole y Vincent. Como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar. —Hola, chicos… —saludé, intentando mantener la normalidad mientras me sentaba. Error. —Qué cinismo —dijo la chica, mirándome con el ceño fruncido—. Eres una simple omega. Él es tu futuro alfa. Deberías saludarlo con más respeto. El aire se volvió pesado. —Además… ¿por qué se sientan en nuestra mesa sin permiso? Sentí algo tensarse dentro de mí. Pero antes de que pudiera responder, Cole habló. —Amalia, ella es Susan. Mi mejor amiga. Mi corazón dio un pequeño vuelco. —Y ella es Adriana —añadió—. Siempre se sientan con nosotros. Y ya les dije que no tienen que tratarme de forma formal. Su tono era firme. Molesto. Pero no fue suficiente. —¿Qué están haciendo? —insistió Amalia al ver las bandejas—. ¿Por qué les están dando su comida? —Nosotros no solemos comer aquí —explicó Cole con calma—. La comida es para ellas. —Y para ti también. Pero Amalia no cedió. —Yo soy hija de un alfa. Tengo sangre alfa. Ellas son solo omegas. Deberían servirles a ustedes… no al revés. Eso fue suficiente. Me levanté. —Lo siento, Cole —dije, controlando mi voz—, pero está claro que hoy no somos bienvenidas. Tomé mi bandeja. —Y no pienso quedarme a escuchar cómo intenta menospreciarme solo por ser una omega. Miré a Adriana. —Me sentaré con Melissa. ¿Vienes? —Sí… —respondió, lanzando una mirada triste hacia Vincent antes de levantarse. Nos alejamos. Sin mirar atrás. —Hola, chicas —dijo Melissa al vernos—. ¿Ya se aburrieron de ustedes? Su tono burlón me habría hecho rodar los ojos cualquier otro día. Pero no hoy. —No es gracioso, Melissa —respondí con seriedad—. Esto es importante. La miré fijamente. —Necesitamos una reunión de emergencia. Porque en ese momento lo entendí. Esa chica… No era solo una invitada. Era una amenaza. PUNTO DE VISTA DE COLE El día había comenzado antes de lo habitual. Mi padre me despertó al amanecer para ayudar a recibir a los sobrevivientes de Blue Moon. Cuando bajé, ya estaban allí. Cansados. Heridos. Rotos. Y entre ellos… ella. —Hijo, te presento a Amalia —dijo mi padre—. Era la hija del alfa de Blue Moon. Quiero que la acompañes hoy. Asentí. —Mucho gusto, Amalia. Soy Cole. Lamento tu pérdida. Y entonces la miré. De verdad. Cabello color miel, largo y suave. Ojos avellana, profundos… y una apariencia delicada que contrastaba con la tragedia que llevaba encima. —Hola… —respondió, tímida. Algo en ella llamó mi atención. Algo difícil de explicar. La guié hacia el interior. —Te mostraré tu habitación. Podrás descansar antes del desayuno. Cuando llegamos, abrí la puerta de una de las habitaciones de invitados. —Te quedarás aquí por ahora. Esperaba agradecimiento. Comprensión. Pero en su lugar… —Supongo que… para no estar preparados, esto servirá —dijo, con un ligero tono de descontento. Fruncí levemente el ceño. —Lo siento si no es de tu agrado. Pero no esperábamos recibirlos… muchos tendrán que compartir habitación.






