Lizet y Madeleine habían sido enteradas de toda la situación con referencia a su amiga, de inmediato y sin esperar tanto se contactaron con el padre de ella y le dieron la maravillosa noticia de que su hija seguía con vida, aquel hombre no supo que responder, cayó sentado en el sillón y lo único que hacía era llorar y llorar porque en todo este tiempo había creído que su hija estaba muerta, y que por culpa de esa falsa noticia su esposa había muerto.
No sabía cómo sentirse, si triste o feliz, e