—¡Feliz cumpleaños, amiga! — gritó Lizet y Madeleine una vez que entraron en la habitación de Hazel, ya era jueves por la mañana y ella aún continuaba durmiendo, hasta ahora que los gritos de su amiga la habían despertado.
—¡Perras, son tan escandalosas! — saltaron en la cama para hacerla levantarse.
—¡Vamos, arriba amiga, es tu cumpleaños y hay que festejarlo desde ya! — sin más opciones se sentó en la cama con su cabello alborotado y sus ojos aun casi que cerrados por el sueño que continuaba