16. Celos y dictadura
El inflexible brasileño llegó a la empacadora como de costumbre. Todo el mundo dejó a un lado lo que estaba haciendo para recibirle.
— Patrón, buenos días, lo estaba esperando — le dijo uno de los encargados de esa área.
Él asintió, y siguió al hombre hasta la pequeña oficina. Allí trabajó durante un par de horas de la mañana, firmó algunos envíos próximos a salir a la ciudad y autorizó que una pequeña parte de la cosecha fuese distribuida a las familias más pobres de los pueblos más cercanos.