Cuando vienen por ella, los sigo hasta el quirófano. "Si vas a estar aquí, tienes que mantenerte fuera de mi camino". Me dice el médico y me coloco junto a su cabeza, pasándole los dedos por el pelo. Solo necesito tocarla y, con suerte, sentirá mi tacto y eso ayudará a calmarla.
La sedan, pero cuando empieza a cortarle la parte de arriba, no puedo evitar el gruñido que sale de mi boca. Se detiene y me mira. "En este hospital, mando yo, guardián. O te quedas fuera de mi camino o te largas y me