Acabo de meter a Amber en su habitación cuando oigo el aullido. Me doy cuenta de que ha habido una brecha en las fronteras. Amber se echa a llorar de inmediato, sosteniendo y meciendo a su bebé en brazos.
“Shhh, aquí estarás a salvo”, le digo. “Pero tengo que ir a luchar”.
En cuanto las palabras salen de mi boca, siento un dolor que me atraviesa el hombro. Han golpeado a Eli. Un gruñido salvaje sale de mi boca y Maia toma el mando, fuerza el cambio y sale corriendo por la puerta dejando atrás