En la primera estación, mi madre nos baja del autobús y compramos tiquetes para otro destino. Así seguimos durante tres estaciones más, cambiando de destino a mitad del viaje.
Cuando por fin llegamos a un lugar donde ella decide que podemos quedarnos, es medianoche, dos días después. Estoy agotada y solo hay un motel en esta pequeña ciudad. Nos acostamos en la cama y yo me duermo enseguida. Me doy cuenta, en algún rincón de mi mente, de que el regalo de mi duodécimo cumpleaños fue escapar de m