A los diez años
“¿Cómo está mi preciosa niña?”, me pregunta mi padre mientras bajo las escaleras de nuestra casa de manada el día de mi décimo cumpleaños.
“Buenos días, papá. Estoy muy bien. Ya no puedo esperar a conocer a mi loba hoy”.
Soy la niña de los ojos de mi padre desde hace diez años. Siempre me lleva de un lado a otro con orgullo, presentándome a los miembros de nuestra manada y de otras manadas a lo largo de los años. Me acerco y lo abrazo mientras me besa la parte superior de la c