CAPÍTULO OCHO
AMELIA LEAL

— Es un niño. — Es la primera frase que dice mientras me rodea con sus brazos, abrazándome con fuerza.

Los ojos que brillan encantados me hacen sonreír y traen una felicidad inexplicable a mi corazón, Pedro es una de las pocas personas que me hacen bien, además de él solo están mamá y los niños del orfanato. Respondo a su abrazo y le devuelvo el abrazo, permitiendo que mi cuerpo se relaje contra el suyo, aunque estoy confundida acerca de su forma de hablar.

—Descubrimos el sexo má
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