Aquel candente momento era incontrolable, los besos y las caricias fluían de la manera más natural posible, todo hasta que Noah decidió detenerse de la manera más fría posible, y separó el cuerpo del suyo.
Noah acomodó su camisa, Emily se levantó, lo tomó de los brazos e intentó besarlo nuevamente, pero él se negó, los recuerdos en Noah impidieron que pudiera actuar como si nada hubiese sucedido.
—¡Basta!, no sigas —Noah le exigió.
—¿Por qué, tienes miedo? —inquirió Emily intentando tomar su