Capítulo 67.
Simone.
Sus besos recorren mi cuello, la dulzura agasaja la piel como el complemento necesitado. Las manos grandes aferradas a mis caderas, el vaivén constante de su pelvis contra la mía, sus gruñidos encierran mi nombre; es la gloria, es el éxtasis, es Edmond haciendo que toque al cielo... envueltos en sábanas con aroma a jazmines.
Despierto sobresaltada, el sol ha salido, y aún sigo en la cama. Mi cuerpo está desnudo, recuerdos de la noche anterior hacen arder mi rostro, me entregué a él com