Capítulo 100
En ese instante, me flaquearon las rodillas.

Me desplomé en el sillón, hundiendo el rostro en la tela de la chaqueta.

Su olor era una tortura física, un recordatorio inquietante de lo que había tenido en mis manos y luego desechado.

No podía respirar. La depresión no solo se instalaba en mi mente… t
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