Desperté en una cama de hospital con la sensación de que el mundo se había detenido para mí. La enfermera me estaba revisando, y el sonido de los monitores me era familiar, aunque un tanto perturbador. El dolor en mi cuerpo era intenso, pero la angustia en mi mente era aún mayor. La imagen de Victoria en prisión no me dejaba en paz.
—Ethan, tienes que quedarte aquí —me dijo la enfermera, su tono estaba lleno de preocupación—. Tu estado es grave. Los médicos están diciendo que necesitas el proce