¿Por qué?
Cuanto más pensaba Sylvia en ello, más se enfadaba. Habían pasado tres años y ella seguía viviendo bajo su sombra.
Un cúmulo de rabia se agolpó en su mente.
Enderezó su rostro y respondió al mensaje: "No lo dejaré y no me moveré. ¡Veré a mis hijos!".
La ventana del chat se quedó en silencio durante unos minutos.
Entonces, llegó la respuesta de Odell: "Ja. ¿Crees que puedes hacerlo sola?".
"Sola. Ya lo veremos".
Después de enviar el último mensaje, Sylvia tiró su teléfono