Sylvia cerró los ojos y fingió estar dormida.
La voz grave del hombre sonó a través de la puerta. “Sylvia, abre la puerta”.
Sylvia continuó cerrando los ojos y haciéndose sordo al llamado del hombre.
“Contaré hasta tres”, advirtió con una voz fría.
Sylvia frunció los labios. Aunque él contara hasta trescientos, ella no abriría la puerta.
Odell contó hasta tres fuera de la puerta y aún se le negó la entrada.
Luego gritó: “Derriben la puerta”.
Le estaba diciendo al guardaespaldas fue