Liam señaló una bufanda roja que había delante de Isabel y él.
En ese momento, Odell estaba acostado al otro lado de la bufanda roja. Si se daba la vuelta, se caería de la cama.
Odell frunció el ceño y apretó los labios fríamente sin hacer ruido.
Si no fueran sus hijos, ya los habría echado.
¡Había que darles una lección a esos dos pequeños traviesos!
Isabel y Liam lo miraban como dos pequeños jueces.
Odell apretó los labios en silencio. Su expresión era sombría, pero no podía hacer nada a