El aura dominante de Odell la envolvió.
Sylvia podía incluso sentir el persistente aroma del té en su boca. Rápidamente recobró el sentido y procedió a apartarlo de un empujón.
Él parecía poseído por un demonio. Cuanto más intentaba apartarlo, más fuerte y apasionadamente la besaba.
La tenía atada de manos y la abrazaba con fuerza. Pasaron años antes de que ella consiguiera quitárselo de encima.
En sus ojos se veía como la quería y la miraba como un lobo hambriento.
Sylvia se puso