—¿Eres Caprice?
Caprice se giró al escuchar una voz detrás de ella y encontró a un hombre de unos treinta años con un traje azul marino. Su alta estatura llevaba un persistente olor a alcohol.
La cortesía se reflejó en su respuesta:
—Esa soy yo, ¿y tú?
—Soy Jonathan, tu superior de ahora en adelante—, se presentó, tomándose un momento para apreciar la belleza de Caprice, finalizándolo con una sonrisa tímida.
En un saludo formal, Caprice le devolvió la sonrisa:
—Hola, señor Jonathan