Capítulo 1797
Antes de que su patada pudiera conectar, agarró su pierna con su gran mano. La calidez de las yemas de sus dedos hormigueó contra su tobillo mientras él la masajeaba tiernamente.

Sonrojándose, Sherry protestó:

—¡Quita tu mano de mi pierna!

Él obedeció, soltándole el tobillo, sólo para agarrarle la pantorrilla. Sus traviesos dedos comenzaron una suave danza sobre su sensible pantorrilla, pasando gradualmente a una fricción relajante que le brindaba consuelo.

Los ojos de Sherry parpadearo
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