La reputación de Madame Sager de ser despiadada e imponente se extendía no sólo a su hijo Carl sino también a los accionistas de la corporación, quienes ocasionalmente se encontraban en el lado receptor de sus arrebatos.
Tolerar su comportamiento se había convertido en la norma, ya que toda la jerarquía corporativa, especialmente los miembros superiores, sentían reverencia y temor por esta formidable mujer.
Sherry, sin embargo, fue una excepción en este sentido, siendo el individuo singular