Lisa hizo pasar a Sherry a un sedán bastante discreto en lugar del habitual coche lujoso que prefería.
Estaban a una distancia considerable de los suburbios.
Sherry tomó su teléfono de manos de Lisa y marcó el número de Caprice. Hace varios días, le había regalado a Caprice un reloj inteligente apto para niños para facilitar la comunicación directa, sin pasar por John como intermediario.
Después de sólo dos tonos, Caprice respondió alegremente:
—Hola.
El rostro de Sherry se iluminó al