Un par de ojos cautivadores se fijaron en ella.
Fingió una voz entrañable y dijo:
—Sherry, estoy aburrida. ¿Saldrías conmigo?
El rostro de Carl apareció a sólo unos centímetros de distancia.
Sherry usó una mano para proteger su rostro y lo empujó hacia atrás, obligándolo a ponerse de pie.
—Estoy ocupado. Ve a entretenerte.
Sin volverse, siguió escribiendo en el teclado.
Carl suspiró e hizo un puchero.
—Sherry, has estado en esta habitación durante tres días. ¿No estás aburrida