Su lucha residía en su incapacidad para concentrarse en cualquier tarea y en su cada vez menor capacidad para relacionarse con los demás.
A menudo, en ausencia de Sylvia, se encontraba en el taller del tercer piso, sentado allí sin rumbo fijo durante horas. Lo único que preservaba su cordura era la anticipación del día en que Sylvia regresaría a casa después de su abrupta partida. Había esperado el momento oportuno, contemplando numerosas formas de enfrentarla.
El día señalado para el regre