Christopher fue directo al lugar donde había estacionado el auto y Sylvia hizo lo mismo. Tenía el ceño muy fruncido y una sensación opresiva se aferraba a su pecho, dificultando la respiración. Incluso Christopher se dio cuenta de que algo andaba mal, por lo que su reacción no pareció exagerada.
Entonces, una voz baja y familiar rompió el silencio.
—Detente. Espera.
Sylvia se detuvo y miró hacia arriba. A su derecha, había una minivan negra estacionada, y Odell se apoyó en ella, con su in