—No tengo ningún interés en ir. Estos pequeños eventos son totalmente inútiles —dijo. La rutina era monótona. Conversaciones interminables con un invitado tras otro, todas mundanas y aburridas. Una palabra mal pronunciada podía acarrear un castigo, sobre todo por parte de su madre, que la molestaba incesantemente a cada paso.
Sherry arqueó una ceja y cayó en un silencio contemplativo.
—¿Por qué no participar en el placer? ¿Por qué abstenerse? —Queenie le propuso matrimonio abruptamente.
Sh