Dos días más tarde, después de que Sylvia digiriera por completo los recuerdos, su mente parecía más clara que nunca.
Odell había pasado los dos últimos días en casa haciéndole compañía. A veces iba a la sala de estudio para ocuparse de cosas relacionadas con el trabajo, pero la mayor parte del tiempo permanecían a su lado.
El teléfono de Sylvia sonó y llamó la atención no solo de Sylvia sino también de Odell.
Ella tomó el teléfono y vio un mensaje de Christopher.
—Sylvia, ¿estás lista