Habían pasado tres días desde que Ava se enteró de que estaba esperando gemelos.
Las fotografías de la ecografía se habían convertido en su posesión más preciada.
Cada mañana, antes de levantarse de la cama, abría el pequeño sobre que tenía en su mesita de noche y observaba las imágenes granuladas en blanco y negro. Para cualquiera, solo eran formas borrosas en un trozo de papel.
Para ella, eran esperanza.
Pasaba los dedos por los bordes de las fotografías, con una sonrisa que se extendía por s