Capítulo 121. Yo soy la esposa de tu hermano
Cuando Adelaide termina de vestirse y peinarse, la puerta se abre bruscamente y Egil entra.
—Mi amor —dice caminando hacia ella. Adelaide se levanta de la silla para recibirlo. El sabor amargo de verlo con esa mujer anoche aún no se disipa del todo de su garganta. Finge sonreír, aunque por otra razón distinta a la que Egil cree—, ¿cómo amaneciste? ¿Ya te sientes mejor? Vine a buscarte anoche, pero ya estabas dormida y no quise molestarte.
—Discúlpame, debí suponer que vendrías. Después de to