Me sentía feliz, no voy a negar que la situación con Nath me preocupaba, ella parecía estar decidida a conseguir lo que quería, pero yo también estaba dispuesta a proteger lo que amaba.
Y con ese objetivo en la cabeza había tomado la decisión de mudarme a casa de Adam antes de casarnos, me preocupaba que Nath supiera dónde vivía, que hubiera sido capaz de enviarme algo lo hacía más preocupante, me encantaba el departamento pero no iba a darle la oportunidad de visitarme estando sola.
Había sido muy astuta y en ese campo yo era principiante.
Además, Adam y yo estábamos acercándonos más, no le veía nada de malo a mudarme con él, sería bueno para nuestro matrimonio.
Adam y yo dormimos plácidamente acurrucados y calientitos hasta la mañana siguiente, cuando abrí los ojos y lo vi, observándome con una gigantesca sonrisa en el rostro, sus ojos azules y su rostro hermoso.
-¿Hace cuánto que estás mirándome?
-Buenos días gordita…
-Buenos días Adam…
-¿Te molesta que te mire mientras duer