Aunque Margarita resultaba una mujer tragona, dejó olvidada su comida y a su amiga y se marchó apurada por las escaleras de emergencia del edificio. Corrió agitada para entrar en la oficina y ver si Lucca había regresado de su comida con la víbora de Lidia, pero encontró el lugar solitario.
Gruñó rabiosa bajo los curiosos ojos del Che y se echó a correr atemorizada antes de que el hombre se acercara otra vez para extorsionarla.
Ya tenía suficiente con lo que Lucca le había pedido y, la cosa se