Capítulo 38
Nidia asintió.

—Una herida invisible.

Helen dejó escapar el aire lentamente.

—Pero también hay otra posibilidad.

—¿Cuál?

—Que solo sean niñas extraordinarias y yo esté proyectando mis miedos.

Nidia tomó su taza de té.

—En Oriente hay una idea… el hilo rojo del destino.

Helen la miró.
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