Aquella mesa.
Aquellas voces.
Aquellas sonrisas.
Aquellas personas.
Su hogar.
Mucho más tarde, cuando la cena terminó y la hora de dormir llegó para las gemelas, Amelia apareció sosteniendo un libro enorme entre los brazos.
—Hoy queremos dos lectores.
Abigail asintió inmediatamente.
—Los dos