—Debes irte a casa.
La respuesta fue inmediata.
—No.
Marcia suspiró.
—Helen.
—No quiero dejarlo.
—Estará bien hija, yo estaré con él.
—No lo sabes.
—Tú tampoco sabes que estará mal.
Aquello provocó un pequeño silencio, porque ambas tenían razón y ninguna poseía respuestas Helen bajó lentame