—Sí. Mucho más.
La firmeza en su voz era absoluta.
—No volveré a permitir que algo las ponga en peligro.
Helen desvió lentamente la vista hacia la ventana.
Durante unos segundos, el silencio volvió a instalarse entre ambos.
Luego ella preguntó algo más.
—¿Y Ailen?
Alexander ni siquiera dudó.