La nana dio un paso hacia ella, pero se detuvo, como si no supiera si tenía derecho a acercarse.
—Entonces… sabes que yo… —intentó decir.
—Que las salvaste —completó Helen.
El silencio volvió.
Pero esta vez… era diferente.
La nana rompió en llanto.
No un llanto contenido.
Sino uno profundo, l