Capítulo 135
La puerta aún oscilaba levemente detrás de él. El aire en la oficina de Helen era denso, pesado, como si cada partícula estuviera cargada de algo que ninguno de los dos estaba dispuesto a nombrar. Alexander no se movió de inmediato.

Sus ojos azules estaban fijos en ella observándola, analizándola y
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