Capítulo 121
La madrugada había caído sobre la ciudad como un manto silencioso, cubriendo todo con una calma engañosa. En lo alto del edificio, Alexander Lacrontte permanecía de pie frente al enorme ventanal de su oficina, inmóvil, con la mirada perdida en la oscuridad salpicada de luces lejanas. El reloj marcab