Frente a la ventana, la bajó suavemente hasta ponerla de pie, rompiendo el beso. Ella se aferraba a él, abrazándolo tan fuerte, que él se vio obligado a empujar su cuerpo hacia atrás para acomodar a su hijo presionando contra su estómago.
“¡Te extrañé tanto! ¡Te extrañé tanto! Por favor, ¡no me sueltes...! ¡Abrázame...!”. Su corazón se apoderó por completo de sus labios, lloraba de felicidad mientras se sinceraba con él.
“Estoy aquí, Dani, te extrañé, cielos, te extrañé tanto”. Sus palabras