La mano del Rey Lucien se apretó con más fuerza. Miró fijamente al anciano: “¿Hemos terminado aquí, Sonma? Necesito estar en otro sitio”.
“Ya ca-casi terminamos, su Alteza”.
El Rey lo fulminó con la mirada.
Sonma tragó con fuerza: “Tengo que lanzar los hechizos ahora, su Alteza. Necesito silencio y concentración”. Cerró los ojos y trató por todos los medios de despejar su mente.
Consiguió su silencio, ya que de repente todo estaba tan silencioso como una tumba.
Pasaron largos minutos.