Vetta se puso la ropa con cuidado y sin palabras. Karandy no paraba de cotorrear sobre lo bueno que estuvo y lo bien que se siente. Ella no dijo nada.
Al salir de su casa, ella le dio gracias a los dioses por sus grandes corsés que cubrían extravagantemente cada parte de su cuerpo inferior. Nadie se dará cuenta de que casi está cojeando y de que le tiemblan las piernas.
Ese cabrón de Karandy casi la mata. La había azotado muy fuerte, por un momento, ella había pensado que el hombre planeaba