Sally sonreía como una niña mientras salía del palacio. Danika la miraba con una sonrisa en su propio rostro.
Sally tenía razón. Ella estaba tan ocupada con todo lo que había sucedido últimamente, que olvidó lo que era dejar las puertas del palacio e ir a cualquier lugar.
Sally era su ser alegre habitual, deteniéndose junto a cada flor para recoger una pequeña parte. Ella se la llevó a su nariz e inhaló profundamente.
"¡Ah! Huele tan bien, mi Princesa".
"Es verdad, ¿no?", Danika respondió.