92. Los celos
GIO
Sentir sus labios amoldándose a los míos con la misma entrega que yo le daba era un regalo que no merecía, pero que de todas formas tomaba, me encantaba verla así.
Pasee mis manos por su delgado cuerpo encontrando sus pequeñas curvas fascinantes, la mayoría de las mujeres con las que estaba eran operadas y exageradas, pensé que era lo mejor, pero resulta que me gusta lo natural que era en todo. Me gustaba ella.
Escuché unos pasos y abrí los ojos, vi los ojos curiosos de Manuel mientras ha