Max estaba frente al espejo ajustándose la corbata por tercera vez mientras Anabela lo observaba desde la cama donde descansaba con almohadas apiladas detrás de su espalda, el bebé había estado particularmente activo todo el día haciendo que cada movimiento fuera incómodo.
—¿Estás seguro de que no quieres que vaya contigo?
—Bella, mírate. Apenas puedes estar sentada cómodamente. No voy a hacerte manejar dos horas a Londres para cena de negocios aburrida.
—Podría soportarlo.
Max se acercó sentán