Capítulo 114.
En la mansión Moreno, el aire pesaba tanto que parecía haber sido reemplazado por plomo.
Los pasos de alguien llegando se sienten como una incertidumbre a punto de conseguir explotar.
— Vaya, vaya, vaya—declara Roel de forma contundente aún sentado de forma implacable en su silla del escritorio.
En el marco de la puerta se encontraba León Pacheco, un hombre fuerte y completamente capaz de destruirlo.
La sonrisa de León, fuerte e implacable, y esa mirada brillante, orgullosa de cada uno de sus