Celeste aún estaba cocinando cuando sintió una mirada penetrante. Al voltear, vio a Lorenzo parado en la puerta de la cocina.
Sus miradas se cruzaron y la de él se volvió gélida y sombría.
Ella se quedó perpleja por un segundo. Esa mirada del hombre no era de hambre, más bien parecía que quería devorarla viva...
Sin duda, él la estaba torturando a propósito.
Ella desvió la mirada, sirvió la sopa en un tazón y lo llevó a la mesa.
—La comida está lista y ya puedes comer. ¿Ya lograste reparar la co