Punto de vista de Laila
Regresé furiosa a la biblioteca con Jason pegado a mis talones y los dos guardias, de aspecto desconcertado, siguiéndonos los pasos. Esta vez, Richard no levantó la vista del libro; se limitó a darle un sorbo al café y nos ignoró.
No pensaba permitir que me pasara por alto, así que caminé directo hacia él y me planté junto a la mesita donde estaba sentado.
—¿La loba a la que llaman Delta es mi madre? —pregunté a quemarropa, sin la menor intención de andarme con rodeos.
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