Punto de vista de Jason
—Vete a casa, William —le dije al furioso lobo que hervía de rabia en mi porche—. Lárgate de aquí.
—No —replicó—. No hasta que resolvamos esto a golpes.
—No hay nada por lo que pelear.
—Te acostaste con mi prometida —gruñó William.
Sus ojos destellaron de manera peligrosa, lo cual irritó a mi propio lobo, que comenzó a dar vueltas en mi interior. Consumido por el autodesprecio y la ira reprimida, mi bestia ansiaba pelear casi tanto como lo hacía él.
Pero sabía lo inútil